Blanco, rubio y de ojos claros, a primera impresión no parecería un rumbero cubano, pero basta con que suba al escenario y se apodere de las tumbadoras o del piano para que nos veamos expuestos al fuego que emana de sus manos y a la musicalidad que derrocha al abordar cada uno de los instrumentos que toca con enorme dominio.

Estuvimos con el maestro del Scat afrocubano Bobby Carcassés en el Teatro al aire libre Los Cristales, el lunes 5 de septiembre del 2011, durante el concierto inaugural de la XI versión del festival de jazz de Cali. Carcassés vino a La Sultana del Valle con su pequeño ensamble de músicos cubanos llamado Afrojazz y presentó un show musical monumental que conmovió hasta el delirio a los seis mil asistentes que ocuparon todas las localidades del recinto festivalero vallecaucano.

El maestro Bobby Carcassés es un raro espécimen de la cultura cubana contemporánea, y por derecho propio, uno de los artistas más influyentes del ámbito latino en el último medio siglo. Su rareza proviene principalmente de que ha sabido mantener el equilibrio perfecto entre el eclecticismo de su estilo y la integralidad del arte que practica, arte que a la postre parece una suma de todas las manifestaciones culturales. En su obra ha conjugado con inteligencia, sabiduría y sentido del espectáculo las llamadas manifestaciones elevadas del espíritu, provenientes de Europa Occidental como las artes escénicas, cinematográficas, literarias, coreográficas, operáticas y pictóricas, con las más variadas expresiones musicales y danzarias surgidas del pueblo en su dramática y festiva fusión del negro con el español, reflejadas en la riqueza de los ritmos afrocubanos tales como el son montuno, el mambo, el danzón, la guajira, el bolero, el guaguancó y otras variantes de la rumba, todo lo cual se asoma en su show musical, mezclado e hilvanado dentro de un imaginario guion jazzístico, enriquecido de paso con elementos de la cantera del teatro humorístico como la pantomima, la comedia y la animación. Su recital fue como si dijéramos, un eco del Caribe.

En la manera única y original de fundir todos los ingredientes provenientes de la sociedad en que creció y se desarrolló el hombre y el artista —una suerte de ajiaco— tal y como expresara el respetado etnólogo cubano Fernando Ortiz, reside la grandeza de Carcassés, quien además de ser profundo, coherente y en esencia vanguardista, se presenta en el escenario con un lenguaje divertido y ameno que no solamente consigue conmover sino además agradar. Esas son en parte las cualidades de su novedosa y explosiva puesta en escena. Su planteamiento musical recoge elementos del blues, la bomba y la plena puertorriqueñas, la méringue de Haití, el biguine martiniqueño, el calypso triniteño, el palo de mayo nicaragüense, la contradanza habanera, la guaracha, la conga de comparsa, el mambo, el cha cha chá, la timba, el songo, la crónica popular, el Bebop y el canto Scat, del acervo jazzístico clásico, los cuales son expresados por Carcassés con diversos grados de emotividad e intensidad, y llevados al escenario por el músico con una secuencia arraigada en lo popular, impactante para el auditorio, y en la que demuestra sus grandes dotes de comunicador y de showman.

Carcassés, un hombre de vasta cultura, que además de ser cantante y músico, escribe, pinta, baila y actúa, ha sido testigo y protagonista de todos los procesos de cambio vividos por la música cubana y por la música en general en las últimas seis décadas. Los acontecimientos políticos que desde 1959 han distanciado a los gobiernos de Estados Unidos y a Cuba no han destruido sin embargo los viejos lazos de amistad y de identidad entre estos dos pueblos cuya diversidad cultural es proverbial. En este sentido la música de Carcassés está fuertemente impregnada de elementos expresivos del cosmopolitismo jazzístico neoyorquino, que él ha sabido extractar con un variado sentido estético de su intenso y vital contacto con los jazzistas estadounidenses más renombrados del último medio siglo, con quienes ha tenido la suerte de intercambiar experiencias y puntos de vista. Al mismo tiempo su propuesta rítmica está fuertemente asentada en las verdaderas raíces de la música cubana de donde le viene su toque de tambor y el fuego que se desprende de este sistemáticamente en cada interpretación. Justamente de esas raíces se alimentan sus ya legendarios montunos, que son una mezcla de blues, guajira y guaguancó con fraseos jazzísticos sumamente elaborados por su fiscorno, cuyo sonido oscuro y a veces dramático, contrasta perfectamente con su voz festiva y callejera o con la polirritmia de los instrumentos de percusión a los que recurre con frecuencia en medio del show para subrayar muchos de sus más agradables pasajes melódicos.

Uno de los mayores atributos de Carcassés en tarima es desde luego su voz ronca y áspera, que recuerda de alguna manera la de Louis Armstrong, el precursor del Scat, una forma de canto que según se dice nació en el jazz por casualidad un día en que Armstrong estaba en el escenario y se le olvidó la letra de un tema y enseguida empezó a improvisar frases musicales con fuerza armónica y melódica empleando para ello toda la extensión de su voz y un gracioso sentido del ritmo. Carcassés hace algo parecido a lo de Armstrong con partitura y sin ella, dándole rienda suelta a la improvisación vocal, que es como decir liberar la imaginación poética y ponerla al servicio de la música. El fraseo de Bobby es tan exquisito como los de Louis Armstrong o Ella Fitzgerald, y los integrantes de su septeto subrayan con energía esa maravillosa acometida de improvisación que él pone de presente con convincente contundencia estética, creando constantes puentes rítmicos que fueron los que más emoción y aplausos generaron. En el canto Scat jazzístico Bobby Carcassés hace parte de una gran cuarteta de cubanos que integran también Dandy Crawford, Francisco Fellove, de quien se ha dicho que introdujo por primera vez en el ambiente musical el canto Scat afrocubano, y que hasta hace poco vivía en Nueva York, y el prematuramente fallecido Amado Borcelá, a quien conocían como Guapachá, un prodigio, integrado desde joven al grupo de Chucho Valdés en los años sesentas, mucho antes del nacimiento del grupo Irakere.

En suma, el maestro Bobby Carcassés es ya una leyenda viviente de la cultura musical latinoamericana, quien nos ha honrado con el mensaje artístico que ha llevado por el mundo como un abanderado de la confraternidad y la paz entre los pueblos y naciones. Blanco, rubio y de ojos claros, a primera impresión no parecería un rumbero cubano, pero basta con que suba al escenario y se apodere de las tumbadoras o del piano para que nos veamos expuestos al fuego que emana de sus manos y a la musicalidad que derrocha al abordar cada uno de los instrumentos que toca con enorme dominio. Carcassés, al igual que Bartolomé Maximiliano Benny Moré, Arsenio Rodríguez, Celia Cruz, Luciano Chano Pozo, Israel López Cachao, Dámaso Pérez Prado, Frank Machito Grillo, Ramón Bebo Valdés, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier, Wilfredo Lam, Rita Montaner, Ernesto Lecuona, Nicolás Guillén, Ignacio Villa “Bola de Nieve”, Mario Bauzá, Ramón Mongo Santamaría, Arturo Chico O‟ Farrill y otros, ha sido y es uno de los más respetables embajadores culturales de Cuba.

El maestro Bobby Carcassés, padre de otro importante músico cubano, el pianista Robertico Carcassés, mostró en Cali sus otras dos facetas: la de pintor con la exposición de 15 obras de pequeño formato exhibidas en una importante sala de esta ciudad del suroccidente de Colombia, en las que empleó tinta china y acrílicos, cuya temática abarca las raíces africanas de la música cubana a través del color y de las anécdotas de los personajes abordados desde una perspectiva sensorial primaria, y la de forjador de nuevas generaciones de músicos mediante un taller centrado en la ampliación de conocimientos para la improvisación.

Desde hace algunos años los talleres de improvisación tal como el que dictó en Cali lo han llevado a recintos académicos de Boston y Nueva York, ciudades en las que ha dictado algunas conferencias sobre el canto Scat y sobre improvisación jazzística.

En relación con sus dibujos y pinturas, el maestro Carcassés expresó lo siguiente: «Siempre priorizo el dibujo porque eso para mí es lo que tiene más valor, pero trato de fusionarlo con el tema de la música porque mis exposiciones son conciertos visuales».

De sus declaraciones en rueda de prensa extractamos varias reflexiones como Gurú del jazz: «Eso de gurú se debe por mi incorporación al yoga que tiene que ver con mi formación en la meditación y demás. Hay quienes dicen que tengo una personalidad que combina la actitud explosiva en el escenario con la pausada y meditabunda de un maestro de yoga. Además, tengo muchos discípulos que me siguen no sólo en el tema de la música con la percusión y el jazz, sino también en la filosofía de la paz interior y del amor al ser humano».

Algunas de las composiciones más populares de Bobby Carcassés son «El amor llegará con el tiempo», «Como pompas de jabón», «Son de Cuba a Puerto Rico», «Mi Son Para Panamá» y «Blues Guaguancó». En este último número vemos pasar tanto su recorrido profundo por la música negra norteamericana oriunda del delta del río Mississippi, como la música de Cuba, especialmente la de Arsenio Rodríguez y Bartolomé Maximiliano Benny Moré, o aquella que surge de las barriadas portuarias, esa Rumba de la que el Guaguancó es parte constitutiva.

En Mi Son Para Panamá se puede apreciar un sorprendente trabajo de fusión entre el son cubano y el merengue dominicano.

El maestro Carcassés ha sido especialmente dotado por la naturaleza y por la cultura musical cubana con las excelsas cualidades que requieren los cantantes del estilo Scat; estilo que fue definido por Luis Machado como «la improvisación a partir de la voz y el sentido del jazz». Esto se puede apreciar en las interpretaciones de piezas sumamente elaboradas como «Blues Por Benny Moré» o «Blues Por Chano Pozo» que son un derroche de repentismo, cualidad sonera, rumbera y jazzística. En estos números la primacía de la Rumba es evidente, especialmente por el ritmo tan colorido y frenético, ya que la Rumba cubana bien puede ser definida como un volcán en erupción permanente que ha derramado su influencia sobre el Jazz Latino, sobre el mambo, el son montuno, la timba y el songo.

Aunque ha liderado grupos desde hace varias décadas, en la etapa de madurez artística comenzó a dirigir su propia agrupación Afrojazz en 1976, cuando tomaba parte en las jornadas jazzísticas del club Johnny Dreams de La Habana, lugar en el que pudo intercambiar ideas musicales con algunos de los más destacados representantes de la generación más joven tales como Paquito D‟ Rivera, Arturo Sandoval, Enrique Pla y Nicolás Reynoso, entre otros. En los ochentas cuando trabajaba en el club Maxim de la capital cubana incorporó definitivamente el canto Scat a su trabajo permanente de jazzista y rumbero. El Scat que hace Carcassés generalmente lo toca sobre melodías estilo Swing y Bebop improvisadas con ritmos afrocubanos mezclando el blues con el son, el bolero y el cha cha chá, para lo cual recurre hábilmente a números estándar como «Mambo Inn» (de Mario Bauzá), «A Night In Tunisia» (de Dizzy Gillespie) y «Manteca» (de Luciano Chano Pozo). Para tocar el blues de doce compases en si bemol o en fa que utiliza como caballo de batalla de sus improvisaciones mejor logradas Bobby Carcassés se basa en los estilos de grandes cantantes como Joe Williams, B. B. King y Muddy Waters, entre otros.

Aprovechando la presencia en Colombia del destacado saxofonista, flautista compositor y arreglista Justo Almario, quien vino a Bogotá para presentarse al lado del legendario pianista Edy Martínez como invitados especiales del festival Jazz al Parque, una de las preguntas que le hice al maestro Bobby Carcassés durante nuestra charla giró alrededor de la histórica visita hecha por Justo Almario en 1978 a Cuba, como director musical del grupo del fabuloso percusionista habanero Ramón Mongo Santamaría, quien por entonces regresaba a la isla después de muchos años, como invitado del Ministerio de Cultura. Conversando con Almario me enteré que Bobby Carcassés no solamente se hizo presente en el Teatro América de La Habana donde se dio el primer concierto de aquel periplo, sino que interactuó y confraternizó con los integrantes del grupo que integró Mongo Santamaría para esa gira cubana; además supe que desde aquel entonces Carcassés se había convertido en un ferviente admirador del destacado músico colombiano oriundo de la ciudad de Sincelejo.

—Jairo Grijalba Ruiz: Maestro Bobby Carcassés, ¿cuál es la impresión que tienes de Justo Almario? Un músico con quien tú has tenido la oportunidad de interactuar en el escenario.

—Bobby Carcassés: Bueno, primero que todo gracias Jairo por permitirme la oportunidad de dirigirme a todos los seguidores de Herencia Latina. Cuando yo fui al Teatro América, que fue donde se celebró ese concierto que tú mencionas. El Teatro América es uno de los teatros más bellos de Cuba, sino el más bello y emblemático. Era un concierto donde estaba Ramón Mongo Santamaría con un espléndido grupo de excelentes músicos. Fui a ver a Mongo, bueno, porque Mongo era uno de los personajes de la percusión cubana que surgió en Nueva York después de la década del cuarenta y tuvo una trascendencia grandísima, porque hizo toda una etapa con Cal Tjader que era uno de los artistas más prominentes del Jazz Latino. El nombre de Mongo Santamaría de por sí me motivó a ir a ese memorable recital. En la formación de Mongo Santamaría venía Justo Almario, un saxofonista y flautista colombiano que se reveló como un monstruo porque aplastó literalmente a Manuel Valera, ya que salió con una fluidez, con unas frases increíbles, con un sonido precioso, magnífico, y lo más significativo quizás fue que la música que él nos presentó tenía un mensaje, el cual me llevó a pensar que Justo estaba encantado en Cuba. Era como una constatación de amor a una ciudad y a un país donde Justo se sentía muy deseoso de estar, quizás por ello la música que tocó salió fantástica. El público lo ovacionó muchas veces, solicitándole que volviera a tocar algunas de las tonadas que interpretó en aquella oportunidad, y Justo Almario desde entonces se ha mantenido a través de los años como uno de los grandes músicos colombianos, dejando sin duda una huella profunda en el devenir de la cultura musical latinoamerican

—Jairo Grijalba Ruiz: ¿De dónde salió la idea de hacer un festival de jazz en La Habana a finales de los setentas y comienzos de los ochentas en medio de todos los prejuicios ideológicos presentes en la isla como consecuencia de fenómenos como la Guerra Fría, el Bloqueo impuesto por los Estados Unidos y las secuelas de anteriores prohibiciones para tocar jazz en su país?

—Bobby Carcassés: Una idea que me sembró Alfonso Arau, era que hay que hacer el espectáculo a como dé lugar. Me dije: «aquí se puede hacer un festival en Cuba con esa cantera enorme de jóvenes que empezaron a salir de nuestras escuelas de artes, al ver las glorias de Cuba, los músicos veteranos que teníamos», y le planteé la idea al director de la Casa de la Cultura de Plaza de aquel entonces Armando Rojas. Hubo sus cuestionamientos de que, si el público iba a ser un público educado, de que, si había la cantidad de grupos específicos para hacer un festival, al fin triunfé con mi idea y lanzamos el festival en 1980 que fue un éxito. Inicialmente fue un festival nacional porque yo no tenía pretensiones de que fuera internacional pero ya en el año 1984 vino la pianista y cantante brasilera Tania María, quien vivía en Nueva York, aceptó la invitación a participar en el evento y convirtió el festival en internacional. Desde allí para acá ha pasado lo mejor del mundo por el festival. En el año 1984 cuando tuvimos la presencia de Tania María igualmente participó el conocido contrabajista Charlie Haden quien llevó su Orquesta Liberación. Este encuentro jazzístico se empezó a gestar en una peña que yo lideraba en la Casa de la Cultura del Municipio Plaza de la capital cubana. Después de Tania María han ido al festival personajes de la talla de Dizzy Gillespie, Teté Montoliu, Joe Lovano, Max Roach, Carmen McRae, Roy Hargrove, Airto Moreira, Roy Ayers, David Sánchez, Michel Camilo, Ramsey Lewis, Chano Domínguez, Herbie Hancock, Ronnie Cuber y muchos otros músicos de gran importancia internacional.

—Jairo Grijalba Ruiz: ¿Cuál es tu apreciación del ambiente musical de estos festivales de jazz colombianos?

—Bobby Carcassés: Son en general festivales como cualquier otro, con una organización cualificada, amplia participación del público y un adecuado cubrimiento de los medios de comunicación que ayuda a masificarlos y a hacer de cada concierto un evento de multitudes, como se ha visto en otras ciudades de Colombia en repetidas oportunidades y no solamente aquí en Cali sino en Popayán, Barranquilla o Bogotá. En cuanto a los músicos colombianos y de otras nacionalidades que participan en los conciertos programados, me parece que hay representantes valiosos de casi todas las tendencias en las que se expresan el jazz, el blues, la rumba, el llamado Jazz Latino, la música brasilera fusionada con el jazz y otras vertientes afrocaribeñas o europeas. Hay igualmente presencia de músicos de varias generaciones y creo que eso es valioso; es un ingrediente valioso de cualquier evento cultural porque le permite al público que asiste hacerse a una idea de la diversidad y la riqueza de estas manifestaciones artísticas y de los caminos que la música ha recorrido en su peregrinaje de estilos.

Sobre la visita de Justo Almario acompañando al maestro Ramón Mongo Santamaría en su gira por Cuba en 1978, el músico sincelejano le contó a Rafael Bassi Labarrera[2] lo siguiente:

Yo toqué con Mongo Santamaría a principios de los años 1970. Estuve con Mongo como 6 años, hicimos como diez grabaciones. Cuando pasé a ser miembro del grupo de Roy Ayers y nos mudamos para Los Ángeles, dejé de trabajar con Mongo, pero seguimos la amistad. Mongo para mí era como un padre, un mentor, una influencia muy importante en mi vida y recuerdo que recibí una llamada en 1978 de Mongo invitándome que lo acompañara a La Habana ya que el Ministerio de Cultura de Cuba lo había invitado. Le pregunté ¿armo la orquesta? y me dijo, no Justo, quiero que me acompañes, vamos a usar músicos de Cuba. Quiero que vengas y dirijas el grupo. Nos fuimos, nos íbamos a quedar tres semanas, pero al terminar nos aumentaron otra semana. Estuvimos cuatro semanas en Cuba, visitamos primordialmente La Habana, pero también fuimos a Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Cienfuegos, hicimos una gira por la isla… Tocamos con Jesús Rubalcaba en el piano que llevaba a Gonzalito[3] a los conciertos que hicimos en La Habana en el Teatro América, también nos presentamos en el Karl Marx. Y ahora cada vez que veo a Gonzalo Rubalcaba siempre me dice: «Justo me acuerdo cuando tenía doce años que íbamos a escucharte con Mongo». También estaba el saxofonista Manuel Valera, El Niño Rivera[4] con su tres, Pello El Afrokán[5]… Era un elenco de grandes músicos cubanos.

 

[2] Bassi Labarrera, Rafael. «Justo Almario Nuestro Ángel Musical En California». Revista La Lira de Barranquilla, Colombia, Número 25, junio a agosto del 2010, en la sección Los Nuestros. (pp 10 a 12).

[3] Justo Almario se refiere al pianista y baterista de Jazz, Gonzalo Rubalcaba Fonseca, hijo del estupendo pianista Jesús Rubalcaba, una de las figuras legendarias del piano cubano. Gonzalo Rubalcaba es hoy en día un hombre de prestigio mundial no solamente en el llamado Jazz Latino, sino en la música contemporánea en general.

[4] Andrés Echevarría, legendario músico, compositor y arreglista cubano conocido como El Niño Rivera. Fue uno de los más grandes intérpretes del tres, un cordófono derivado de la guitarra española, de tres cuerdas dobles y que es el instrumento insigne del son oriental. Nota del autor.

[5] De nombre Pedro Izquierdo, percusionista, compositor y director cubano, nacido en La Habana el 7 de enero 1933, a quien se le atribuye haber forjado un nuevo ritmo que se llamó «Mozambique», cultivado a mediados de los años sesentas en Nueva York por Eddie Palmieri y por su percusionista Manny Oquendo, al igual que por Carlos Santana y su banda de Rock Latino. Izquierdo, quien era primo de Mongo Santamaría, es autor, entre otros conocidos temas, de «María Caracoles», «Ileana Quiere Chocolate» y «Camina Como Cómico». Pello El Afrokán murió en La Habana el 11 de septiembre del año 2000. (Nota del autor).