Kavafis

 

Puliendo un poema en un bar

le han dado las seis de la tarde

sin dar con una palabra que precisa.

 

Mira hacia la calle y ve fulgir el tiempo

en un muchacho que pasa despreocupado.

Y no sabe a qué prestar más atención,

pero sabe que los dos son vitales a su angustia.

Guarda sus papeles y sale tras el joven

-inocente él de las miradas que lo abrasan-

Solo el fuego gris de una mirada indefinible

le basta y regresa al bar.

 

Ahora poema y muchacho

han unido su belleza en el papel.

La palabra precisa, anhelada y buscada,

deambulará en la mirada del mancebo

por alguna callejuela del puerto,

pero alguien habitado por la Palabra

la ha signado con pasión

en las líneas de un poema.

 

Enciende un cigarro,

apura un trago fuerte

y se prepara con más ánimos

para el cuerpo del placer

de la noche alejandrina.

 

Casi un siglo después

joven y poeta son mísero pasado

que corroen el alma de este lector,

pero el poema, sigue tremolando

su viva pasión entre mis manos.

 

 

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Emily Dickinson

 

Para que el amor no interceda

en su oficio de amar las palabras,

acaba de atar su corazón a una roca

que deja hundir discretamente

en las terribles aguas del olvido…

y con la misma indiferencia es capaz

de ignorar los oropeles de su sociedad

para poder sopesar el silencio de las almas

y tornar en oro las palabras más sencillas.

Entrelazando versos mide la magnitud

de la tierra y aprende a dialogar

más con la Muerte y sus espíritus que

con sus paisanos. Y para no desentonar,

se viste de blanco y ha hecho de su casa

un templo donde siempre se enfrentan

las huestes del infortunio y la esperanza.

Lenta y sabia, se va haciendo invisible

para todos menos para su perro Carlo.

Y ha tenido el valor de sentar a Dios

entre sus dudas, y retándolo, compone

el canto universal mientras se ocupa

de amar los animales, su jardín,

el cielo estival, la pureza de las piedras.

Por temor a sí misma abraza la orfandad 

de negarse un hijo e implora a cambio

más ocasos escarlata para iluminar

su escritura y acorazar su alma.

Y sin que nadie lo sepa, ya ha parido

mil setecientos setenta y cinco poemas

desde el dolor de sus entrañas vírgenes

hasta quedar completamente exhausta.

Y hoy quince de mayo de 1886,

-cerrando la tarde, besando la noche-

elige morir abrazada a ellos

para que la inmortalidad

no perturbe más sus pasos

sobre la gran estancia de la Vida.

Pero la Inmortalidad,

cruel y pura como es,

ha hermanado su poesía

a su piel oscura

y le acaba de ofrendar

su sacro toque

con la pátina

de la Eternidad.

 

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Vacío

 

Para Rafael Cadenas

 

Has vuelto a casa

y no te encuentras.

Buscas tu voz

entre las sombras.

Nadie responde.

Pareciera que en el fondo

no hubiese nadie

aunque presientes

el tropel de sensuales

huestes que suelen arrasarte.

 

Estás solo

lleno de un vacío íntimo, tuyo.

 

Espera… alguien llama

desde el último aposento.

Acudes por si acaso.

 

Solo el esplendor del olvido

reposando bellamente

sobre todas las cosas.

 

La vida también suele colgar sus ropas

esperando al paisano que las vista.