Mientras aún se hablaba en casi todos los lugares del planeta del comienzo del III Milenio y de la experiencia que pocos pueden regocijarse, de vivir simultáneamente el fin de un siglo y a su vez de un milenio; y todavía se comentaba con cierto humor (y calmada tranquilidad) que las computadoras no enloquecieron como se anunciaba por el cambio matemático de la cifra de 1999 al 2000, José Abreu Felippe ya pensaba y trabajaba en una colección de poesía que reuniría a un pequeño, pero representativo grupo de poetas cubanos del exilio.

Transcurrió el 2000 con la acostumbrada quietud e intranquilidad de siempre. El 2001 llegaba rápido, y las noticias importantes se reportaban en la prensa, como la reapertura del acceso al público a la Torre de Pisa, tras 10 años de trabajo para detener su inclinación. Hacían titulares la llegada de la fecha mencionada por el director norteamericano Stanley Kubrick en su memorable película 2001: una odisea en el espacio. También en el 2001 comenzó a funcionar el portal Wikipedia (que tan útil me ha sido para hacer estas notas). Algo más, ese año, salió el primer número de la revista El Ateje, que realicé con el periodista Jesús Hernández por 8 años, editando 23 números.

Así en el decursar del 2001, la selección de Abreu Felippe estaba terminada, tenía título definitivo, Poesía exiliada y pateada, incluso el texto apareció publicado en el número 8 de la Revista Nexos, que coordinaba con el escritor Carlos Sotuyo.

Una fecha se había establecido para dar a conocer el libro, el sábado 15 de septiembre del 2001, a las 3 de la tarde en el Koubek Center, como parte de las actividades mensuales del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, que llevaba poco tiempo de establecido en Miami como filial del Pen Internacional.

Todo cambió unos días antes, el 11 de septiembre del 2001, con el inesperado y brutal atentado terrorista en Nueva York, Washington y Pensilvania. Desde entonces, nuestras vidas, y la de gran parte del mundo, tomó un nuevo rumbo y nunca más ha sido igual.

La presentación de Poesía exiliada y pateada fue comprensiblemente cancelada, el dolor y el desconcierto embargaba a la nación. Se volvió a programar seis meses después, para el 23 de marzo  del 2002. Fue un encuentro triste, pues desde diciembre del 2001 se le había perdido el rastro a uno de los poetas integrantes de la selección, Leandro Eduardo “Eddy” Campa, y se le presumía muerto. Varios otros escritores que formaban parte del libro, habían fallecido, Reinaldo Arenas, René Ariza, Jorge Oliva y Roberto Valero. Quedaban vivos Esteban Luis Cárdenas, en Miami y David Lago, en Madrid. Esteban asistió al evento en el Koubek Center.

Desde el 2001 hasta el presente han pasado 15 años y el libro permaneció engavetado. Por suerte, Abreu Felippe decidió finalmente publicarlo y hoy estamos reunidos para darle vida editorial a este importante volumen.

Para cerrar esta introducción, voy a leerles el epílogo que escribí para esta edición, bajo el sello de Alexandria Library.

 

Epílogo para los poetas exiliados

Quizás lo más acertado hubiera sido escribir un texto introductorio para poner en contexto este pequeño, pero sólido libro, que ha compilado el escritor José Abreu Felippe, pero me parece que resulta más sensato hacerlo ahora, al cerrar el volumen, cuando ya el lector ha podido recrearse con los poemas seleccionados y conocer, a través de las reseñas biográficas, a los autores incluidos.

Esta selección poética la realizó  Abreu Felippe para un evento convocado por el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, en marzo del 2002. Desde entonces el libro ha estado engavetado, y no precisamente por falta de voluntad para publicarlo, sino por consideraciones de derechos de autor. En aquel entonces, ya habían fallecido Oliva, Arenas, Ariza y Valero. Los otros tres poetas, Cárdenas, Campa y Lago, autorizaron la inclusión de sus textos, al igual que María Badías-Valero, la viuda de Roberto, que le entregó al compilador los poemas de su esposo, por demás inéditos.

Catorce años después de la presentación de estos textos y autores en el Koubek Center, en aquella época todavía bajo la administración de la Universidad de Miami (hoy pertenece al Miami Dade College), se hace necesario, más que nunca, la edición de esta colección, más cuando los siete poetas reunidos han fallecido. Por otro lado, los “cambios” que han ido convirtiendo al cubano en un emigrante, a pesar de la permanencia de la dictadura cubana por casi seis décadas, impulsan la urgencia  de esta edición, con el propósito de destacar la obra de algunos cubanos exiliados esenciales.

Poesía exiliada y pateada, muestra el rostro de un grupo de cubanos, que fue víctima de la persecución intelectual en la isla; poetas que fueron encarcelados por sus ideas, y condenados al ostracismo por el aparatos cultural cubano. Los siete tuvieron que partir al exilio entre finales de los años setenta y principio de los ochenta.

La obra de los autores reunidos ha ido depositándose en ese peligroso limbo, donde caen los escritores por el paso del tiempo, sin que ese silencio tenga nada que ver con la calidad de la obra, sino por la falta de nuevas ediciones, estudios y la inevitable fuerza de autores de hoy que arrasan su presente y se plantan en él, para sepultar un poco el pasado…, hasta que nuevas voces, repitan el ciclo. Esto le ha pasado a los poetas que brillan en esta colección, con la excepción de Reinaldo Arenas, que ha mantenido una constante vigencia. Pero todos merecen un renacer literario, y este libro bien podría serlo, incluso, resultar un motor de búsqueda para que las mencionadas generaciones se identifiquen con el decir y las inquietudes de quienes las precedieron.

Mantener Poesía exiliada y pateada inédito por más tiempo, sería una falta, una irresponsabilidad. Muchos lectores se reencontrarán con Jorge Oliva, René Ariza, Reinaldo Arenas, Roberto Valero, Esteban Luis Cárdenas y Leandro Eduardo “Eddy” Campa.  Otros sabrán de ellos por primera vez. Pero todos, sin duda alguna,  hallarán poemas sorprendentes e intensos.