Uno de los filósofos mas influyentes del siglo XX ha sido, sin dudas, el teutón Martin Heidegger. La grandeza heideggeriana no radica en la interpretación que ofreciera Beltran Russel en su volumen “La aventura del pensamiento occidental,” donde el filósofo británico relaciona el fenómeno del existencialismo con el sabio alemán, sino en la redefinición filosófica que Heidegger aplicó al concepto de “libertad.”  Russel, debido al carácter científico de su disquisiciones y, a su afinidad con los principios matemáticos, nunca consideró que el existencialismo fuese una corriente de pensamiento profunda, sino una moda literaria que había expresado ciertas temáticas tales como la angustia existencial del individuo, el temor, la felicidad personal, la libertad, etc. Sin embargo, la preocupación principal de esta breve comunicación yace en las siguientes interrogantes: ¿Fue Martin Heidegger partidario o no de Hitler? Si lo fue, ¿Influyó la ideología nazi en el desdoblamiento de su filosofía? ¿Es esa influencia parcial o permea toda su obra ? El problema no es fácil, porque la prosa de Heidegger es tan hermética e intrincada que rara vez se entiende lo que escribe. Si le sumamos a ello el hecho de que nuestras lecturas de sus obras han sido traducciones al castellano o el inglés, entonces la tarea se eleva ante nosotros en la forma de un insalvable abismo intelectual. Ergo, se requiere de cierta preparación o “fitness”, diría el Dr. Ángel Velázquez, a fin de intentar la exhumación de las preciosas perlas de la verdad.

Heidegger fue rector de la universidad de Freiburg, Alemania, bajo régimen totalitario hitleriano. Pero durante ese tiempo, asimismo, sostuvo una relación amorosa y afectiva con la filósofa judía Hannah Arendt. Esta relación causó mucha extrañeza en algunos eruditos quienes cuestionaban su posición con respecto al “nacional socialismo” nazi, puesto que la mayoría pensaba que ese romance desmentía el hecho y la afirmación de que Heidegger había sido anti-semita. “Los cuadernos negros” aprovechan esa concomitancia para indicar que Heidegger no fue existencialista como Kierkegaard o Unamuno, sino “existenciario,” en antinomia al argumento de Russel.  “Los cuadernos negros” revelan, en otras palabras, que el nazismo de Heidegger era más profundo de lo que se creía.

Heidegger planteaba, como todavía algunos pensadores occidentales plantean hoy, que los judíos eran los dueños del Capitalismo, del Comunismo y diseñadores del llamado “nuevo orden mundial”. Sin embargo, nunca fueron precisas las ideas de Martin Heidegger sobre política y, “Los cuadernos negros,” son espejo/ reflejo y testimonio de esa realidad. Es verdad que fue partidario de Hitler, de eso no quedan dudas a estas alturas, ni tampoco las hay sobre su anti-judaísmo. La pregunta no es si fue nazi o no, eso lo fue sin duda, aunque no durante mucho tiempo lo fue. La pregunta que se erige es, ¿hasta que punto pudo el nacional socialismo nazi influenciar la filosofía de Heidegger? Sobre todo en aquella parte del pensamiento filosófico que versa sobre la libertad.

En su postrera obra, no hubo influencia alguna de la ideología nazi, porque es después de la guerra, en su libro (“La libertad”), cuando ya Hitler había sido derrotado a finales de 1944, donde el pensador alemán expresa una idea tan profunda como maravillosa sobre el concepto de libertad. Esto es, algo tiene que haber en la naturaleza de la sociedad humana cuando permite que sea cognoscible la verdad y la esencia misma de la vida; o sea, según Heidegger, hay un núcleo en el humano el cual le permite llegar a la verdad y a la esencia de la vida misma. Es decir, en el patrón heideggeriano de libertad no hay una relación objeto/sujeto, donde el sujeto o individuo genera la verdad —que es lo que vendría a ser el “existencialismo” sartreano— , sino que plantea una investigación y búsqueda de la persona humana como sustrato y fundamento de la misma libertad. Este modelo fue un gran aporte de Heidegger a la filosofía y no alberga conexión o relevancia alguna con su pasado nazi y anti-semita. PDM