¿Por qué Ego fitness: la forma de la voluntad de poder?
De entrada, este no es un libro para “autoayuda” y desarrollo “motivacional”. Tampoco esperen en las páginas que siguen un “tratado de consejería espiritual y social”. En cambio, a través de este libro intentamos grosso modo representar, a través del diagnóstico de la historia de las culturas, lo que Alphonse de Lamartine sentía expresar con la frase “sólo el egoísmo y el odio tienen patria”, tienen raíz en las formas de vida del mundo y en el lugar del origen de la voluntad de poder, contribución a la palanca como mecánica aplicada al yo.
En occidente, cabe notar, los primeros en señalar la necesidad de una vida en forma (fitness) fueron los antiguos griegos helénicos. ¿Pero cómo lograrla? Usaban la mecánica aplicada a la voluntad. En otras palabras, engañaban a la naturaleza a partir de su propia naturaleza para alcanzar costas más altas, niveles de vidas más ostensibles y acorde con el contexto. Si en Occidente el ego de Edipo cobra una forma de sustancialidad y posteriormente de sujeto, Oriente (los tratados budistas, taoístas, yoga, zen), lo perciben como ilusión. Correcto. ¿Pero en qué sentido? De un fenómeno surgen dos formas lógicas que tienden a un mismo sentido.
Intentemos comprender al ego como palanca (al engaño) de la voluntad de poder: se trata de la voluntad más pequeña, multiplicada por su colocación a una distancia regularmente prolongada, apta para empujar la voluntad más grande. El ego aparecen entonces en el lenguaje como el espíritu de la artimaña, el truco, técnicas manejables por el ser humano para mover la voluntad más grande, sea esta para trascender el mundo, la muerte, o como para ubicarse en la cúspide en la jerarquía social y cultural. El ego en principio nace como el lenguaje de la palanca ilusionista para general más fuerza, más espíritu y más capacidad de poder. El truco de la mecánica aplicada al espíritu.
Cuando el primer poder se multiplica y alcanza una gran fuerza de poder mental y somático, el espíritu y el cuerpo transcurren por la fullería. Y se produce un recorrido, mediante el palanqueo a distancia lo denomino ego fitness, la buena forma adquirida (el alto rendimiento). Y esto equivale al desarrollo de la vida como ejercicio. El engaño por el que pasa el primer poder (las costumbres culturales), para alcanzar fuerzas más altas, es una vida que se ejercita. Aquel que dice, “ve hacia el interior” no sabe lo que está diciendo, si no deja claro que en todo ello hay un paso de un escalón a otro por medio del ejercicio. El tranta, las técnicas más difundidas por la espiritualidad oriental para trascender la mente, contiene más de cien ejercicios mentales para mover fuerzas más grandes. ¿Cómo entonces arribar al sexo espiritual? ¿Cómo llegar al estado del despertar de la conciencia si antes no procedemos con técnicas y palancas? Tranta significa engaño, técnica, disciplina, formación. Tranta y Yoga buscan la buena forma trascendental. Pero todavía no hemos entendidos cabalmente en qué consiste la ascetología espiritual oriental.
Dicho esto, la vida recupera un nuevo sentido en la condición humana si reconocemos en la voluntad una palanca, una técnica, un ardid para burlar la naturaleza. Quien sea de la opinión que el ego es la trampa al espíritu del crecimiento no dejan de tener razón si considera al mismo tiempo la idea del esfuerzo como mecánica aplicada a la voluntad de poder. El ego no existe, pero engaña, ilusiona en tanto es palanca, poder, truco, técnica y constituye el imaginario interno capaz de poder. De lo contrario no se puede a ciencia cierta hacer nada con la espiritualización de la existencia. El slogan sí se puede, recurrente en la época actual, es una frase tan antigua para engañar la naturaleza biológica humana.
Me gustaría poner un ejemplo concreto, antiguo pero efectivo, occidental, para hacerme comprender mejor. En la vida griega, la paideia (formación, enseñanza) fue el primer gran experimento con humanos en donde se intentaron las primeras introducciones para una nueva forma autoplástica de la vida. Fue con la paideia (centro para entrenamiento educativo) cuando los primeros infantes tuvieron contacto con la palanca y conocieron tentativamente la forma de engañar a la naturaleza biológica y celestial. De allí salieron formados los primeros ególatras en el arte de la retórica, el sofismo y la política. Conocieron cual poderoso era el ego, el sujeto respecto a la forma teológica del mundo; entonces el Yo encontró la palanca para expresarse y potenciar la producción de discursos y nuevas formas de lenguajes teocrático e inmune formacional geométrico. Con la instauración de la paideia el ego mostro la primera forma de vida cultural del discurso, como la célula se convirtió para la biología molecular la primera forma de estructura básica.
Con la paideia germinó entre los griegos el sentimiento y la necesidad de “estar en forma” ante la vida, los dioses y la monstruosidad que ataca al mundo. Solo que paideia estuvo cambiando de nombres y de sitios hasta entonces: en su lugar aparecieron por todo occidente los llamados cristianismos, las reglas monacales, las místicas, las escuelas, las universidades, los reformatorios y el gran fenómeno resultado del progreso de la modernidad que fueron las revoluciones sociales y nacionalistas. El engaño primario de la mecánica espiritual aplicada a la voluntad dio como resultado al ego imperial con sus consejeros y filósofos, al ego monárquico con sus teólogos, al ego nacionalista con sus antropólogos y politólogos. Con razón James Joey dijo que: “La naciones tienen su ego, al igual que los individuos.” El ego o la forma evolucionan desde el aspecto teológico, cosmológico hacia las formaciones básicas de Estado, nación y comunidades humanas ontológicamente optimizadas.
La hipérbole de Joyce tiene sentido y concreción si la observamos desde la óptica del individualismo, que sería el tema central en este ensayo. Convendría señalar lo único como representante de la propiedad (la palanca) con sus derivaciones espirituales y somáticas. Lo único, como señala Max Steiner, como procedimiento para entrenarse al margen y sacudirse de cualquier ideologismo y metafísica. El egoísmo y el individualismo vinieron a representar en el contexto del origen de la burguesía y hasta hoy una forma de lucha a favor de la única propiedad: el cuerpo y el Yo. Batalla que no termina nunca siempre que la vida exija del entrenamiento.
El otro gran centro para entrenamiento que derivó de la topológica enseñanza de la paideia fue la sociedad secreta la masonería. Tenía como objetivo desde su fundación en el siglo XVII la formación de superhombres en el sentido moral, étnico y político. Si durante la modernidad hubo un campamento idóneo para ejercer y elevar la jerarquía del poder a rango de vitalidad en determinados estratos sociales les ocupo a los atletas masones. Hay una historia oculta que se pierde en el tiempo de la lata edad media entre las formas monacales jesuitas y el giro que produce la Ilustración. La liturgia masónica delata un secretismo estrictamente fitness donde la voluntad de poder es puesta a prueba a todos los niveles de los escalones mentales y espirituales. Pero estas logias de entrenamiento no será objeto de estudio en es este ensayo.
Para finalizar esta introducción sería conveniente destacar que el ego ni es malo ni es bueno. Pero arrastramos un pasado maniqueo sobre el ego. Es hora de que no se deba encasillar en una definición ortodoxa de los valores. Sin embargo, el ego naturalmente puede sufrir también la caída, entonces se expresa como violencia, dolor, sumisión, altanería y llega ser invasivo y peligroso. En cambio, cuando el ego destaca por el calibre ascético moral y huye de la horizontalidad (la narrativa) hacia la verticalidad (la altura), abriéndose campo en la buena forma (fitness), se convierte en una palanca eficaz para la catapulta.
Resumiendo: estar en forma no significa establecer un procedimiento de control y dominio sobre uno mismo y ejercitar determinada epojé trascendental para desaparecer del mundo de la vida. Ego fitness (o la forma de la voluntad de poder) constituyen formas vitales en el marco de la cultura del hombre para enfrentar con éxitos periodos de incertidumbres, primero ante mitos y dioses, después ante el imperio de la nada terráquea y hoy ante la muerte física de la humanidad.
Formas que asume el ego es traducible a varios estadios superiores del eros y el thimo, destacables por la gradación del rendimiento, destreza, competitividad y virtuosismo, los cuales permiten que el hombre pueda alcanzar cotas más altas, crecimientos inverosímiles y sobreviva en el mundo de la naturaleza. No se supone ir tras el despertar de la conciencia onírica, sino darnos cuenta del disciplinamiento y el entrenamiento interior, cuestión abarcable entre naturaleza y cultura. No es asunto de si estamos ‘dormidos y soñando’, sino de comprender que vivimos agostados y desentrenados. De ahí que nos falte la elaboración de una teleología del ‘disciplinamiento interior’. Desde luego, el sentido de la vida no constituye un problema místico, trascendental, sino empírico, residir ahí en el mundo. De modo que, la búsqueda interior no debe dirigirse hacia la conciencia abstracta y trascendental sino descubrir qué tipo de ‘entrenamiento y disciplina’ (ejercicios) aplican a la individualidad humana durante el enfrentamiento eterno con la vida. El sentido de la vida consiste en ‘estar fitness’, de cuyo resultados se producen imágenes en ‘forma de ego’, en forma de ‘palanca’, para elevarse ‘citius, altius y fortios’
Esto cabe para toda profesión artística, manual, técnica, intelectual, narrativa, musical, contemplativa, praxis, y deportiva. Esta última, sobre todo en el deporte rey, el atletismo, que intentaba erigirse desde la primera olimpiada de 1896 en la religión del musculo. En este ensayo intentamos esbozar el problema acerca de uno de los aspectos cruciales de la ascetología mediante varios tópicos de la metafísica cultural, con la intención de explicitarlos en la medida del crecimiento investigativo. Un libro que comienza pero no termina aquí al final de sus páginas.
Finalmente invitarlos a comenzar a leer este ensayo sin antes dejarlos ante el testimonio de un poeta. Los poetas tienen la habilidad de conocer mejor en qué consiste la ascetología del ejercicio narratológico, la disciplina y el arte de escribir. En Cartas a un joven poeta, redactadas entre febrero de 1903 y diciembre de 1908, Rainer María Rilke evoca con toda simpleza y sustancialidad quizás el mayor giro de la ascectología poética en el siglo XX. Rilke tenía bien curtido el procedimiento del entrenamiento narratológico:
“Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehúya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados.”