«Lo viviente es un devenir, no un ser. Así también lo que usted llama  “cultura” no es algo definitivo y concluso, que se puede heredar y cultivar o desechar y destruir. De nuestra cultura permanece vivo y operante todo aquello que cada generación puede hacer suyo e incorpora a su vida»                                  .                                                                                                      Hermann Hess

Crecimos acusando al otro de ser nada más y nada menos que otro e inferior. Y nos alimentamos del desgarramiento de “los otros”, de “los menos”; el de arriba de la plebe; el centro de la periferia; el culto del salvaje, el inteligente del bruto. Históricamente fomentamos la exclusión para justificar nuestra depredación. Y tomamos cualquier factor superficial para establecer la otredad: color de piel, lenguaje, acento, estatura, adornos sobre el cuerpo, sexo, edad, propiedades. El que se hacía de un paquetico de información, empunaba el hacha y se ubicaba estratégicamente en la cima de la pirámide social, a comandar los otros.

Y claro que hay otredades, pero no dependen de algún factor superficial. Cada ser pensante es profundamente otra entrada hacia el cosmos, otro futuro posible. Porque somos micrososmos de universos en evolución, buscando mediante la diversidad la verdad profunda. Porque eso es la vida toda, una búsqueda. Pero no todos somos otros en la misma proporción.

Cuando ha nacido un evidente otro, un superdotado, muchas veces ha sido aplastado por los prejuicios y los miméticos, por la fuerza del que ya está arriba o de la masa adocenada abajo, por el egoismo o la idiotez asentada en lo histórico y en ese ápice comandante desde la pirámide o en esa base mediocre. La regla ha sido que “la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos.” como dijera Cervantes

¿Es el momento de cambiar? ¿Es la Sociedad del Conocimiento la que superará estas aberraciones de nuestra historia? ¿Es un error llamarles aberraciones, simplemente eran determinismos zoológicos, imposibles de solayar? ¿Aprecia el saber el joven que lo ha recibido como un regalo escolar, o solo lo aprecia aquel que fue capaz de destilarlo de la vida misma? ¿el fácilmente adquirido es saber o es convenio? ¿Está vedada la sabiduría al joven, es necesario haber acumulado muchos deslices para alcanzarla? ¿Tienen algo de sabios los actuales millones de mimados graduados universitarios, los que no saben como actuar y sin embargo, abarrotan los puestos burocráticos, sin tomar medidas, viviendo su pedacito?¿Ante los dismiles problemas que se nos vienen encima, podemos seguir dilapidando nuestro valor mas excelso, nuestra creatividad? ¿Es la inteligencia femenina mejor para un ajedrez planetario en que el que hace tablas es el mejor?

Si la capacidad de comandar a otros fue durante un largo tiempo signo de inteligencia, en lo que viene lo inteligente residirá en la capacidad de controlarse a si mismo e integrar informacion. Las grandes reservas no están ya más en conquistar, sino en conquistarse, autoautocontrolarse, medirse,. Y la hembra humana, está mejor habilitada para ello.

Mas, aún a veces cuando vamos a articular una palabra, emitimos un rugido. Sin embargo, esas mismas cuerdas vocales son capaces de musitar una palabra de misericordia, cantar una poesía o interactuar con unas manos para escribir un libro que pretenda una versión mejorada del ser humano. Porque el ser humano no es un ser sino un siendo.

Lo humano, para emerjer de su origen zoológico, de la brutal depredación de los de arriba por los débiles, no puede pretender un igualitarismo reduccionista y obtuso. La historia del largo emerger humano es una larga novela de “Auténticos Vs. Clones”.

Es sorprendente como un tiburón es tan idéntico a otro tiburón de su especie; él solo puede vencer por la fuerza de sus dientes afilados y ser lo mismo que su progenitor: un simple músculo-dentudo-depredador. Como otras tantas especies biológicas, está encadenado a especializaciones de su cuerpo. El ser humano, NO.

La morfología, fisiología, sicología e historia del Homo sapiens, no lo lleva a vencer por la fuerza de sus dientes, ni a repetir un único modelo corporal, mucho menos mental. Lo humano, emergio de lo zoologiico remarcando los únicos ¿Cómo ahora puede pretenderse esta igualdad deshumanizadora?

El humano está hecho para vencer por la energía de su creatividad, personalidad, diversidad y espíritu. Todo lo que somos para no ser tiburones, se lo debemos a los de nosotros que son mas espirituales. Lo que habremos de ser, no dependerá de depredación, sino de esa tendencia hacia lo espiritual. No fundaremos futuro con concepciones del pasado, sino con las excepciones del pasado, del presente y del futuro. Porque lo humano ha crecido pivoteando sobre nuestros locos, los que que no se dejan comandar por las miserias zoológicas, nuestros eminentes locos mas sensitivos, y muy poco sensoriales.

En materia de espíritu, todos somos desiguales y ello es la herencia que nos facilita emerger, pretender no ser tiburones, hidrodinámicamente perfectos, pero sin alma. El ser humano esta prefigurado para la diversidad, diversificación y diferencia, no para la igualdad. Asi ocurre en la evolución biológica: necesita crear alternativas. Pero para lo humano, esa necesidad se hace absoluta.

Muchas injusticias se han cometido en la historia, en nombre de la fuerza, la terrtorialidad o de un mandato divino, en nombre de tener los dientes mas largos o la fuerza mas devastadora, por ello retendiendo tener la inteligencia mas aguda. La superación de ello no puede ocurrir en nombre de la igualdad, todos iguales menos aquel que se ubicó en el ápice de la pirámide social, gobernante incuestionable y sumo sacerdote, que se las arregla para meter a la fuerza a todos los “otros” seres humanos en unos moldes rígidos. La fuerza en nombre del orden piramidal o de la justicia social de tabla rasa y un elegido con el monopolio de los micrófonos, es tan asesina como la que simplemente busca carne por hambre. Lo que hemos de ser, no será en nombre de la fuerza sino de la energía.

Necesitamos sociedades basadas en la meritocracia, en donde todos somos distintos y ello se asume y acepta, y hay algunos que son tan excepcionalemnte distintos, que educan la masa inculta e inercial. En otras palabras, aunque ello se haga en función de un ser humano hipotetico y  para las grandes mayorías, no podremos atarnos al criterio de la mayoría porque “La peor forma de desigualdad es tratar de hacer iguales cosas desiguales” (The worst form of inequality is to try to make unequal things equal). Como acuñara Aristóteles.

Porque el imperio de una minoría no puede ser sustituido por la dictadura de la mayoria  dado que como dijera con su característico humor George Bernard Shaw: “La minoría está algunas veces correcta; la mayoría siempre equivocada”.

El modelo social a perseguir no será ya más la pirámide social sino la red. El equilibrio no se buscara en lo físico, la arquitectura, sino en lo moral, el arte.  Del paradigma piramidal, evolucionaremos hacia un modelo social de múltiples nodos intercambiables, una organización en red, un toroide. Una red amplia pero a la vez, que capture lo esencial, como la que en “Tao Te Ching” suscribe Lao Tsé:  “La red del orden cósmico es espaciosa. Sus mallas son grandes pero nada se desliza entre ellas”

Una red con muchos nodos, que facilitan la comunicación fluida, oir los distintos criterios. Una estructura que no espera haya dioses, héroes  o supermanes omnipotentes o gerentes desde cimas de pirámides, sino seres humanos bien dotados cada cual para  determinados aspectos y momentos, en contextos propios donde unos deben ser determinantes y otros secundarios, o sea, unas veces cooperantes otras influyentes, nunca dictatorzuelos. Y que no inculque a sus integrantes creencias religiosas en que se pasa por debajo de cuerda la visión maniquea y autoritaria de autoritarios arrogantes, confabulados para estar en el apice o siendo ellos los mismos evidentemente sacerdores supremos.

Hay que establecer equilibrios entre muchos dotados, porque cada uno puede aportar al todo determinadas habilidades o inteligencias, pero ninguno es el salvador de la sociedad ni tiene el monopolio de las estrellas, ni de la Salud Pública, ni un teléfono rojo para obtener el criterio de Dios. Y entonces el héroe no tendrá derecho a dictar sus ideas al resto de los mortales, y al que no le quiere oir u obedecer, guillotinarlo.

Esa estructura que ya se perfila, es alérgica a los Robespierre, a los Superman, a los Robin Hood o a cualquier manera de reinado, disciplina militarista, guillotinamiento. Es ampliamente politeísta, como quisieron los presocráticos, inclusiva y evolutiva.

La construcción equilibrada de un cuerpo social no es un proceso automático de evolución, como lo es la gestación o el crecimiento del individuo. La genética, se expresa muy aleatoria y paulatinamente porque está hecha por el azar y para ritmos milenarios y geológicos. Esa contradicción de la construcción consciente del cuerpo social, que se mide an anos, es la que explota cuando el cemento del edificio social ya no resiste el peso arriba y se quiebra o un grupito se quiere hacer dueño de los truenos e imponer sus ritmos históricos. El resultado, es el cáncer social. Y muchas veces, las sociedades han hecho metástasis.

Humanidad significa cultivar responsablemente lo mejor del ser humano y que se ofrezca en un útero, un nido de amor, una cuna, un hogar. Si queremos que nuestros hijos sientan también que su vida se continúa en hijos-otros a los que empujan para que los hereden, tenemos que redireccionar nuestra previa evolución cultural y hacerla navegar hacia el seguro puerto de lo pensado a larga distancia, lo inclusivo, la sabiduría. Educar a amplias masas para que sean obedientes consumistas es una segura fórmula para el desastre, como lo es la sola alternativa que sean felizmente comunes.

Nos ayuda, ciertamente, que cultura es una palabra relacionada con cultivo y lo materno-fundacional se va viendo paulatinamente enaltecido y hecho comportamiento diario en la medida que evolucionamos culturalmente. Si nuestros genes nos recuerdan que fuimos tiburones y felinos, relámpagos neuronales nos impulsan a ser espirituales. Espíritu que no se compra en ningún supermercado ni se deprende de un manual. Porque desde nuestro origen  algunos ya son mas espíritu que carne.

¿Dónde estamos?

La humanidad está enfrentando un proceso cultural muy complejo, contradictorio, apenas entendido, en esta actualidad confusa y cambiante por horas que se ha dado en llamar globalización. El propio término globalización está siendo empleado por distintos emisores con significados que lo hacen dificilmente entendible por todos. Se trata de un cambio de escala en lo que el cerebro humano se enfoca, antes la aldea, luego la ciudad-estado, la ciudad, la megalópolis, hoy todo el planeta intercomunicado. Aun  no podemos entender en lo que estamos metidos. El pollito no entiende del huevo, como el niño no entiende a su abuelo, o el aldeano al globo terraqueo.

En el criterio que seguiremos, lo global es inherente a este planeta, que con frecuencia ha sido nombrado como globo terráqueo,  pero rara vez sabíamos que ello iba a marcar nuestras culturas de manera tan rápida y profunda.

Somos globales, desde la forma física de este planeta como un globo, pero ahora sabemos que además, la vida en el planeta solo es posible dada la profunda interacción entre sus partes, por lo que desde el origen de la vida conforma un sistema globalizado, una unidad que opera de manera muy interrelacionada, orgánica según algunos creencias religiosas ancestrales (budismo, Tao), teorías científicas recientes (Noosphera, Hipótesis Gaia) o una mezcla de ambas (Theilhard de Chardin, Carl Sagan, Einstein).

El aspecto inédito de la globalización como proceso de consciencia es la percepción consciente y generalizada de que somos globales. El budismo y Lao Tsé pueden haberlo sostenido desde hace miles de años, pero la sensación de que ya éramos un todo planetario, residía en elites. Hoy no, es la gran masa humana la que ve y percibe con medios tecnológicos (por ejemplo, una foto retrasmitida mundialmente desde una estación orbital, una vista Olimpiada por millones de televidentes) e intuye que ya somos globalidad.

Pero ello implica un gran cambio en como nos percibimos. Dejar en el pasado la manera de agrupararse de los animales, el gregarismo. Dejar atrás la percepción animal sencilla, que se queda muchas veces en la la piel de las cosas, es sensorialidad y cuando mas intuicion intelectual adelantada, para adentrarnos en una percepción alargada con medio tecnológicos, la prospección profunda del intelecto,  que llega mas al corazón del cosmos y nos ubica en nuestra verdadera dimensión humana.

Las protestas actuales contra la globalización, lo que rechazan es la consciencia de que estamos siendo globalizados de manera incorrecta, que primero se ha globalizado el mal que el bien, pero mucho de esta protesta implicitamente acepta que ya lo estamos.

Si aplicamos aquí a la vez la sabiduría de la frase en latín per aspera ad astra  (el camino de los astros es áspero) y los planteamientos de Von Bertalanffy y su “Teoría General de Sistemas”, podíamos manejar la hipótesis de que el sistema terrestre, es humanidad y es globalidad. No importa como le llamemos a esto en que estamos deviniendo, para constituirnos en una unidad funcional y orgánica mas grande, eficiente y evolucionada. Pero tiene que dudar, tiene que reconformarse, tiene que metamorfosearse. ¿Esas son nuestras dudas, nuestras cuitas, en el áspero sendero de la globalidad cultural?

En todo caso, es procedente la duda ¿es posible que la gran masa humana sea incapaz de percibir en toda su profundidad la unidad que somos, anule la genialidad de los visionarios y hasta una necesidad de la evolución, y aplace “por irrracinal” el sistema o que algunos adelantados siempre plantearon?

También es posible que en lugar de cumplir con aquello de “Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”  como planteara  H. Stein, por el contrario  una educación equivocada ( demagogia mas que pedagogía) nos haya introducido en la tembladera cultural de ser una densa masa humana que no tiene aspiraciones sino ambiciones, un conglomerado de YO egoístas de expectativas desproporcionadas y necesidades que se comerían todos los recursos naturales en una orgía final sin poder contenerse.

Es muy sorprendente como el ser humano responde a lo que primero le educa, a lo que primero entendió. Lo que arriba luego, toma como referente lo que primero se cree. Por ello, la humanidad misma se encuentra maniatada a sus biologismos, tribalismos y/o nacionalismos. Simplemente puede estar aferrada a lo que primero constituyó su acervo cultural, su imprinting. ¿Lograremos desembarazarnos de este lastre?

No es posible pretender que lo que ocurrió en la historia humana es plenamente válido hoy. Media una evolución cultural, en que cambian premisas, circunstancias y resultados esperados.  Lo que pasó en el tiempo de la dinastía Ming en China, o los Luises en Francia,  o los Lenin en Rusia, se ajustó a  las condiciones socio-históricas de cada período. Si en algún momento fue válido arribar a “soluciones violentas y revolucionarias”, que implícitamente conllevaron destrozos, ello correspondía a grupos humanos realtivamente aislandos, poco densos y con un conocimiento muy fraccionado de sí mismos y sus propias circunstancias. En la modernidad y en el futuro, aceptar maneras violentas, que pretenden ser soluciones arrasando y rehaciendo sobre los escombros, no solo es inhumano e irracional, sino puede destruir el legado humano en un  tsunami global.

A la Jerusalén bíblica la tomaron y arrasaron una y otra vez cristianos y mahometanos. Eso era un problema local. La Jerusalén global del futuro, solo la podrá ocupar un ser humano sabio, bondadoso, que combata en las ideas y por las ideas y no en las murallas y por el territorio. Ello es el quid de la globalización, la humanización de nuestro legado territorialista.

En la globalización como está ocurriendo, al mismo tiempo, las barreras se hacen mas altas (intereses creados muy poderosos, políticas sectorialistas, ideologías vetustas, fidelidades culturales, la soledad en la multitud, mafias internacionalizadas), pero los límites son permeables, transitivos, evolutivos: vamos hacia la integración en países continentes, la intelectualidad global, el cambio tecnológico, el desarrollo sostenible, la democracia como alternacia en el poder, las perspectivas multiculturales, la educación para las mas amplias masas, internet donde quiera y otras vías y tecnologías alternas y eficientes de comunicación y gobierno.

¿Continuaremos habitando Babel? ¿Llegaremos a encontrar “la ciudad” en la que se pueda hablar “un idioma” universal que facilite las relaciones y no que las dificulte? ¿Estará ese lenguaje futural amarrado a los constreñimientos de lo aldeano y tribal o será lengua no hablada antes, o nunca hablada? ¿No será en la ciudad sino en los espacios abiertos y del cosmos, donde la comunicabilidad puede repotenciarse y hacernos renacer? ¿La búsqueda del enriquecimiento humano será la tendencia que nos permita vaciar los almacenes de la incomprensión, postergar los obuses a los museos y construir la montaña cultural que besa a las estrellas? ¿Continuarán los sistemas educativos enfocados en clonar soldaditos de plomo mentales y la humanidad constituirá una manada muy mayoritariamente de Sanchos que se proyectan a corto plazo y se las arreglan para eliminar todo Quijote, lo que tienda al sueño y al largo plazo? ¿Emergerá la mente idelista y prospectiva o pereceremos tratando de alimentar los pequeños egoísmos y el materialismo miope de miles de millones de pensadores con el estómago? ¿ continuaremos apostando por la Revolución y olvidándonos de la Evolución?

Mi respuesta personal, la escribió Carl Sagan: “La historia humana puede ser vista como una lenta alborada del conocimiento de que somos miembros de un grupo mayor. Inicialmente nuestras  fidelidades fueron para con nosotros y nuestra familia inmediata, a continuación a la horda, la tribu, pequeños asentamientos, ciudades estado, naciones. Se fue ampliando el círculo de los amados. Hemos ahora organizado lo que se ha descrito como superpotencias, que incluyen  grupos de gentes de origen étnico diverso, trabajando en cierto sentido juntos. Si sobrevivimos, nuestras lealtades deben ampliarse para incluir la humanidad toda, todo el planeta Tierra”.

En todo caso, el problema será no volver a equivocarnos, porque tal como planteara George Bernard Shaw “El éxito no consiste en nunca tener errores, sino en nunca hacer el mismo error una segunda vez”  (Success does not consist in never making mistakes but in never making the same one a second time)

Si el futuro inmediato implicara una profundización de los problemas globales en este planeta, en una crisis que ya parece estar mostrando sus primeras golondrinas y hasta la representan carroñeros billonarios y aves de rapiña globales. Mucho nos hará falta dominar nuestra tendencia histórica a solucionar las situaciones con improvisación y arrojo. Claro que hará falta valor, pero no el de organizar una partida de caza, ni sacar la espada u consnpirar para una revolución, bajo el eminentemente masculino instinto de muerte, sino aguantar el dolor y parir, meditar mas profundamente  y buscar maneras de evolución, impulsados por el mayormente instinto femenino dador de vida.

Pero tambien se trata de que el mundo ya está funcionando con una gran interdependencia, es más sistema global que nunca. Es cierto que con muchos defectos, pero ha avanzado hacia una unidad más funcional mundialmente. Si en las condiciones históricas y a la escala de países una revolución era como un incendio local o a lo sumo regional, cuando los vasos comunicantes son tantos, un incendio global será casi imposible de controlar. Lo que intentamos decir, es que los intelectuales que ante las evidentes contradicciones e injusticias hagan un llamado a una revolución mundial, en los hechos estan llamando a una catástrofe de proporciones bíblicas. En cuando a las pérdidas económicas y número de muertos, no fue lo mismo la revolución francesa o la china o la rusa. Les diferencian unos cuantos dígitos.

Para adentrarnos en un futuro complejo e incierto, masivo, global, nuestra alma temblando ante lo tecnotronico y lo mundanal, tal vez es hora de que los machos alfa cedan en su empeño de ser líderes marcando sus territorios con sus mixiones, corrompiéndose en el poder y creando cuentas secretas en paraísos fiscales. Necesitamos ser otros, ser mas, emerger, evolucionar mentalmente para luego evolucionar humanamente, es decir, a la vez biológica y cultural y moralmente.

Nota: este escrito es parte de un ensayo en preparación, sin título por ahora.