“Tríptico. Ensayos sobre arte, literatura y pensamiento”, de Ángel Velázquez Callejas es un libro que nace del esfuerzo de su autor por aunar aquellos textos entresacados de publicaciones dispersas, desde su cotidiano ejercicio de escribir. Se trata de varios ensayos que se reúnen bajo un título tan visual como preciso. Sin embargo, este libro no consta de tres partes, como corresponde a una obra con dicho título. Su génesis la comprendemos frente a esos textos referidos al arte, la literatura y el pensamiento y que conforman el subtítulo; pero en realidad el relieve del volumen es mucho mayor, contiene ocho ensayos que devienen en una traducción personal de realidades que ocupan a nuestro autor. A saber: 1. Pensando, 2. Narrativa, 3. Disciplinamiento, 4. Literatura, 5. Identidad cultural, 6. Arte, 7. Mitología y 8. Libertad.

Velázquez Callejas, escritor que conoce de su género predilecto, reflexiona sobre el ensayo, desde una mirada amistosa con la tradición ensayística, al citar autores como Jorge Luis Borges, Alfonso Reyes, José Martí, José Lezama Lima, Jorge Manca, R. W. Emerson, R. Barthes, entre otros. Para Ángel Velázquez, el ensayo es expresión narrativa sobre la verdad, sobre el misterio y la libertad, cuyos meandros lo conducen a juicios como: “Es bueno decir que Marti no se apropia del estilo con que Emerson desarrolló su prosa, sino del método, correcto o no, con el cual aspiraba sostener las experiencias poéticas mediante ensayos íntimos”.[1] Sin duda, una interpretación surgida a partir de sus lecturas sobre el tema y la pasión por la promoción ensayística de su país. Más adelante agrega: “Hoy todavía el ensayo en Cuba esta poseído del lastre generacional de la ‘nación soñada’ ”.[2] Esta idea -y también otras- es defendida desde un discurso global que, a mi modo de ver, no particulariza detalles; por el contrario, cada una se expone como un nuevo color de ese tríptico, a fin de contemplar la imagen cabal y favorecer al lector, avezado o no, con esa posibilidad de discernir nuevas ideas, que es el fin último de una obra literaria.

Sobre la contemporaneidad de la literatura, Velázquez Callejas apunta:

Hoy se promueve una literatura sórdida, dentro de la ironía y lo grotesco, interesada fundamentalmente en el valor del cuerpo (claro está, no para satisfacerlo, sino para desmitificarlo). Y en esta desmitificación, (conocer la expresividad del cuerpo al dedillo, como es, por ejemplo, su sexo) aparece la literatura como entretenimiento, como pasatiempo: como cuando las osadías de los gladiadores romanos creaban todo un circo expectante.[3]

Desde luego, estamos ante un autor que siente la responsabilidad de no permanecer al margen de la expectación: “[…] el hombre está exigiendo un mayor grado de conciencia, pero todo parece indicar que la literatura, tal y como se compromete y se margina, no posee las claves para esa comprensión. La literatura hasta ahora no ha reducido el viaje de los sueños, sino que los ha aumentado.”[4] Ángel Velázquez se muestra aquí comprometido con el destino de la literatura y en ese sentido, demanda de la conciencia del siglo. También adopta la ‘actitud fitnees’ de Paul Valery desde la visión que el propio Velázquez defiende del autor francés: la producción del arte por el arte y además, la nueva tendencia que consiste en la máquina productora e incansable, de obras literarias.

La disertación que hace el autor sobre “En busca del tiempo perdido” es uno de los momentos de más deleite por la condensación de la obra de Marcel Proust con el hecho literario en si y que cito in extenso:

[…] “En busca del tiempo perdido” es como la manifestación coloreada, y evanescente al mismo tiempo, por la cual se trasmite una sensación pálida y lánguida del sentido de la vida. Una sensación que obliga rotundamente al autor a dos cosas: o a decir ¡basta! ante el límite que provoca la angustia existencial, o a que la vida se materialice -creía Proust para mayor beneficio- durante el sueño.  Es decir, como suele entrever hoy la literatura, que entre el despertar y el sueño -en ese tiempo- se puede vivir. Y no es descartada la idea. De ahí la esperanza, la utopia de que el hombre podia recobrar lo perdido, e incluso el tiempo vivido. De ahí también la postura narrativa del autor: hallándose saliendo y entrando del lugar donde la voluntad, sea la de Eros, Tanatos y Poder, pierde el significado. Allí donde podemos, además, vivir mejor y al menos padecer la libertad deseada. [5]

Velázquez Callejas defiende, por tanto, el pensamiento alrededor de la literatura como impulsor de sueños, de la búsqueda de felicidad, arraigada a esos instantes, conscientes o no, de la vida, en que nos resistimos a pensar la muerte y nos abrazamos a la belleza, cualquiera que esta sea, procurando dar sentido a las devanaciones de la existencia.

Entonces regresa la duda del autor, sus inquietudes en torno al acto de escribir:

“Uno siente a ratos que es por gusto, sin sentido, cuando descubre que somos la resaca del monólogo interior de otros. Nos narramos a nosotros mismos -siguiendo la pauta trazada- una y mil veces más para expresar lo mismo, el mismo sentido de ambigüedad sobre lo que llamamos el placer de la vida. Exteriorizamos lo que puede ser, a falta de una convicción generosa de ahogamiento consciente, lo exteriorizado, lo provocativo en el ámbito de la emoción y felicidad causal. Somos como la causa de una lanza cuando la enviamos, que siempre alcanza el sitio donde clavarse”.[6]

Es un milagro (entendido el término como hecho extraordinario, al que invito a asombrarse) que haya sitio aún para clavar la lanza, después de más de dos mil años de literatura. Esta dimensión de dimensiones, que es la literatura, refutación del tiempo para Borges,  es también, como dice Velázquez Callejas, historia de la represión humana.

Y concuerdo con su argumento: “La literatura ha sido y sigue siendo, como tendencia, como discurso autoritario, una historia de la represión humana. Por eso, cautiva y da placer. El texto erótico es uno de los que más placer da, porque el sexo ha sido el tema más reprimido. En el inconsciente está todavía la semilla sembrada de la represión del sexo”.[7] La literatura es, pues, el asidero, ese lugar hedonista, donde nos refugiamos para vivir la compartida historia de los otros y la liberación de las represiones.

La lectura de “Tríptico. Ensayos sobre arte, literatura y pensamiento” es una oportunidad que nos ofrece Ángel Velázquez Callejas para detenernos en asuntos que no solo ocupan a la élite intelectual, porque si bien el libro ha sido escrito, por momentos, con lenguaje académico, sus temáticas son de interés para ese lector atraído por el destino de la literatura y el arte, razones suficientes para mirar a través del vidrio axiológico de su autor.

¡Muchas gracias!

 

Bibliografía

VELÁZQUEZ CALLEJAS, Ángel: Tríptico. Ensayos sobre arte, literatura y pensamiento. Editorial Signum Nous, Miami, 2016.

 

 

 

 

 

[1] Angel Velazquez Callejas: Triptico. Ensayos sobre arte, literatura y pensamiento, p. 11.

[2] Idem, p. 14.

[3] Idem, p. 74.

[4] idem.

[5] Item, pp. 105-106.

[6] Idem, p. 107.

[7] Idem, p.143.