Me resulta curioso que un escritor como José Saramago haya construido buena parte de su obra sobre el tema universal de la crítica a las dictaduras y los totalitarismos, al mismo tiempo que se arrodillaba, como los imanes a la puerta de la rábida, ante la bestia salvaje de Castro y sus adláteres.

Enemy, una cinta inspirada en la novela El Doble, del Nobel portugués, trata estos asuntos de manera sutil (el personaje principal es un profesor universitario de Historia cuyo tópico central en clases es caracterizar a las dictaduras, precisamente), amén de explorar en los recónditos y oscuros universos de la naturaleza humana a la usanza de Robert Louis Stevenson y su mítica Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, pero con matices, siempre con matices.

A pesar de no estar a la altura de su The Prisoners, rodada también en el 2013, Daniel Villeneuve es uno de los más sagaces narradores del cine de estos tiempos. Su pulso descriptivo es de una singularidad poco común. Jake Gyllenhaal, por su parte, es un actor magnificente, soberbio, ubicado en el tope de la cadena alimenticia entre sus congéneres. Su arsenal técnico, su prestancia, sus ilimitados recursos histriónicos, lo colocan con justicia en medio de la extrañeza de la genialidad, a la par de otros como Tom Hardy y el mismo Christian Bale.

Con estos fundamentos en el zurrón, no es posible que Enemy pase desapercibida. Cierto es que podía haber resultado aún más redonda, con un epílogo menos forzado, con menos espacios vacuos entre escenas. Claro que ha faltado sustancia, muy presumiblemente debido a la inconsistencia del guión. Pero, aun así, la cinta ha sido un logro. Por cierto, muy curioso resulta que ese mismo año Richard Ayoade estrenara su The Double, de idéntico contenido, pero con un muy buen Jesse Eisenberg como protagonista y un guión inspirado en una novela de Fyodor Dostoevsky. ¿Será que vivimos en los tiempos de los paralelismos virtuales, como corolario de la heterotopía a la cual se refería Foucault?