11

La magia de vaya-usted-a-saber-qué

(o los mundos imaginales)

 

Antes del año de 1959 la Isla recibía inmigrantes, grupos diferentes que se quedaban a vivir, hacían sus vidas, se empollaban en la bonanza o la regular y hasta mala vida que podían encontrar, pero se quedaban, se asentaban. Había algo que los atraía. Parece que el misterio ha emanado (emana) de la propia tierra. Aunque también me doy a pensar que es el mismo ser cubano el que guarda y conduce el misterio. En fin, pueden ser los dos: la Isla y el cubano, que por magia de vaya-usted-a-saber-qué, uno está en el otro y viceversa. El caso es que parece que existen vibraciones invisibles que crean imaginaciones, sentidos nuevos. Quizás esas vibraciones componen coordenadas en el espacio para acercarnos a puertas que a veces se abren y nos dejan pasar a mundos imaginales, o como descubriera Ibn al-Arabi, umbrales que entran en esferas intermedias: el umbral de los espíritus (o ángeles) y el umbral de la Imaginación, que es el del alma (9). Lo que me dice que esta esfera de la imaginación debe correr como una corriente de ¿energía oscura? por los estrechos espacios de la Isla. Son ideas, conceptos, imágenes que flotan y están al tanto de que alguien las respire, las perciba, las sienta. Serían como ideas platónicas que al entrar en lo corpóreo pueden exacerbar el sentido creativo y dar lugar a una dimensión diferente que rodee a la persona en cuestión, al cuerpo que ahora empieza a asimilar las vibraciones. A no dudar, para algunos esto pudiera ser el comienzo de poder abrir una puerta que conduzca a una iluminación desconocida, algo como una puerta hacia otros mundos imaginales.

 

12

La energía del ámbar

 

Pudiera ser que La Habana, o Santiago de Cuba y la Isla en general tuvieran una extraordinaria dimensión libresca, como de ficción y hasta fantasía, algo así como lo que ha expresado Mario Vargas Llosa al hablar de Jorge Luis Borges y de Buenos Aires, que “probablemente [sea] la ciudad más literaria del mundo”, dice, “ junto con París. Ambas capitales tienen encima, como segunda piel, una envoltura literaria de mitos, leyendas, fantasías, anécdotas, imágenes que remiten a cuentos, poemas, novelas y autores, y dan una dimensión entre fantástica y libresca a todo lo que contienen: cosas, casas, barrios, calles y personas” (10). Y yo me pregunto, ¿no era La Habana —aparte de Buenos Aires y París, innegable— una ciudad así también? Todavía quizás, entre sus ruinas (las de la capital de la Isla, claro), le siga quedando algo. Guillermo Cabrera Infante nos enseñó La Habana nocturna, nos mostró su magia, su música, sus cantantes y su locura antillana. Alejo Carpentier nos dio la maravilla de sentirla como un gran descubrimiento barroco de lo caribeño y americano; y el poeta José Lezama Lima nos regaló la profunda y sensual Habana de los Cemí, entre tantos otros escritores y artistas que nos iluminan de una manera universal. Asimismo habría que recomponer la historia del arte cubano para darnos cuenta de que, incluso, existen muchos pintores que antes de 1959 eran de gran importancia por su representatividad y posterior a ese año desaparecieron, fueron como borrados del mapa artístico de Cuba (11). En la música pasó lo mismo con el compositor cubanoestadounidense Aurelio de la Vega, cuya audacia y rebeldía composicional fue desaparecida del mapa musical cubano, desde incluso antes de 1959.

Por estos sentimientos se podría decir que el espacio de la Isla está lleno de un éter de ámbar, un estímulo fantástico que sólo fragua en las mentes de todos aquellos que tengan imaginación poética (artística) o simplemente de afinidad creativa y hasta sensibilidad con lo místico. Aquí todo ser humano que pueda percibir de manera sensorial las ideas, las imágenes, incluso, los conceptos de una metafísica paradisíaca estaría dotado para sentir y aquilatar el embrujo que se desplaza en las partículas del aire. “El Mundo de la Imaginación permite que los espíritus se corporeicen y los cuerpos se espiritualicen” (Ibn al-Arabi, en Chittick). Es como se ha planteado, que las cosas se ven y se escuchan con los ojos y los oídos de la intimidad (Ídem). Por lo que la Isla tendría la posibilidad de ser engendradora de hacedores, de ojos inverosímiles y escuchas de lo insondable. De esta manera, mediante la evocación poética, pudiéramos explicarnos el porqué dicen que a Cuba aún le queda la magia, a pesar de la catástrofe que ha vivido en los años de proceso revolucionario.

 

13

La paradoja de la Aurora

 

Sin lugar a dudas, podemos considerar que la imaginación es lo inmediato para el cubano; es quizás el plano de un umbral muy secreto, mágico, para tratar de ser intuitivo, que sólo se puede percibir por degustación de la vida corpórea y de la espiritualidad (donde está lo angélico), porque constantemente se está rememorando el sentido otro de un origen aún no vuelto a vivir y siempre deseado en el inconsciente. Por ello sacaríamos en conclusión, al menos, la conclusión de que existe algo, un destino, una incertidumbre que al mismo tiempo es certidumbre. Paradoja en la que lo primero es lo desconocido, lo no saber nunca por dónde andamos; y lo segundo es la verdad de saber que somos algo, al menos algo aun cuando no podamos identificarlo, y todo envuelto en un sentido de ámbar (invisible energía de la Imago) que nos hace entrar en la dimensión de la imaginación y volver luego a lo corpóreo.

Por eso podemos afirmar que el cubano, además de ser diverso y mientras progresaba en su identidad (fundamentalmente años de la década del 50), era muy sensorial en el impulso imaginativo que lo centraba (la imaginación en nosotros, aún proviene del europeo, del negro africano y del asiático; pero también nos centraba, y nos centra más hoy en día, por el carácter de isla que nos aisló desde el principio, y por el mayor y brutal aislamiento en que nos sumió la cerrazón totalitaria de estos cincuenta y tantos años). Este aislamiento: geográfico, histórico, social, político, esta falta de libertad total, nos dejó sólo la imaginación como camino de subsistencia. De aquí que todo cubano actual sea imaginativo indefectiblemente; su mundo no podía ni puede ser de lo material nada más, sino asimismo sensorial en cuanto a la percepción imaginativa. No dudaría, pues, que el trasiego de umbrales del cubano, de sentir la carne y de sentir lo angélico, y que es a mi juicio por donde marchaba (y puede volver a marchar en un futuro… bueno, ojalá) la imaginación positiva nuestra, sea la contrariedad que nos excita e incita y nos ayudaba (y supongo que por encima de todo nos ayuda) a avanzar… aunque al tiempo, o en un tiempo pasado, de alguna circunstancia imprevista, la imaginación pudo, y podría otra vez, correr el riesgo de descontrolarse, de explotar en desmesura fantasiosa, espejisada (de espejismo), y despeñarse por un precipicio a contrapelo de las experiencias vividas, físicas, corpóreas de nuestra dimensión concreta, por lo que tuvimos (¿tendríamos de nuevo?) una visión confusa, ambigua, del propio entorno hasta que nos cubrimos de oscuridad interior. Podemos así erróneamente, como pasó, distorsionar la realidad física, imaginarla mal de nuevo, de una manera diferente a su concreción efectiva. En mucho puede ser que nosotros, hace más de cincuenta y tantos años atrás, no alcanzamos la reflexión en su profundidad, sino que creímos reflexionar, cuando sólo imaginábamos en el vacío, que ya empezábamos a ser el centro del mundo. En ello hay una verdad escondida, pero terrible: los sueños nos salvan pero también —si no se relacionan de alguna manera con la circunstancia de vida— nos pueden atrapar en un laberinto nefasto (12)… En efecto, esto fue lo que nos ocurrió a partir de 1959, fecha en la que podemos decir se constituyó un antes y un después, un año divisor entre la realidad y la fantasmagoría, cuando nos traicionaron y nos dejamos traicionar y cuando nos traicionamos a nosotros mismos, para convertirnos en los crédulos de la Aurora.

 

14

La isla embrujada

 

Con los años se procreaban nuevos cubanos, y con el roce, el influjo de la cultura y del medio, ese nuevo cubano se constituía, indiscutiblemente, en isleñis cubichi (digámoslo así, en ficción, como para imaginar una referencia literaria de corte antropológico), con todas las de la ley, bueno, la ley práctica y cotidiana del comportamiento y la imaginación social, quiero decir, aunque los padres hubieran venido de remanganagua, o del mismísimo fondo del mundo.

Ese isleñis cubichi ya tenía una de las esencias del mundo concreto, que parece ser el sol y el mar, porque qué otra cosa podría ser una de las esencias legítimas de una isla rodeada de distintas corrientes marinas, con algunas montañitas y la humedad y la sal flotando en el ambiente a toda hora. Parece que ese encierro entre las aguas, ese acoso de isla soleada casi todo el año, ese olor a salitre, y el aire, el viento y el agua envolviéndonos por los tiempos de los tiempos nos va creando interiormente reacciones impredecibles, asombros de sueños eróticos, sensibilidades extrañas que de alguna manera se retuercen en la intimidad creando sonidos, acordes, armonías, movimientos, ritmos, deseos, elasticidad y música. Todo conformando una imaginación, en la que las almas van trasponiendo los umbrales de lo angelical y lo corpóreo.

Quizás la situación de la Isla tenga mucho que ver, su posición y forma en el mar, sus coordenadas. Sobre esto, Gladys Portuondo, ensayista y profesora de filosofía, me comentó alguna vez que la posición geográfica de Cuba era una de las claves que podían muy bien explicar las características de algunos cubanos —en su afán de universalidad, que iban desde su conducta social y de pensamiento a una forma de imaginar el mundo—, debido a que Cuba era una isla por donde casi todo el mundo pasaba haciendo escala en las travesías por barco desde Europa hacia cualquier otro país del continente americano, incluyendo frecuentemente escalas antes de dirigirse a los Estados Unidos, ya que el puerto de La Habana estaba estructurado y pensado para facilitar las escalas.

Sabrá Dios si la Isla quedó anclada sobre un manantial magnético, o de vibraciones térmicas que circulan por remotas cavernas submarinas y logran un escape a través del manto freático hacia el día y la noche de los cubanos, hacia una imaginaria dimensión de algún sueño particular que tuvo Dios. Vibraciones que nos entran por los pies y recorren el cuerpo hasta la cabeza. Vibraciones nocturnas que nos rebosan de sensaciones y pasiones.

Los olores. El olor del salitre, esa áspera humedad salada que se impregna en la piel. El molusco, las algas, el marisco, los peces, los artrópodos, el caracol y la estrella, la hierba huele y la boñiga hiede y la brisa se arremolina y se hace aire, y se extiende por los ámbitos de ese mundo rodeado de agua. Las flores. Las plantas. Los árboles. Los ríos. La fuerza con que todo huele y se enrolla. La naturaleza barroca de una Isla inmisericorde, que no se compadece de nadie, que por su imaginación, ya histórica, no quiere ser Isla.

La luz. El día y las tardes. Hay una emanación de calor todo el tiempo, con una brillantez exuberante. Y los colores resplandecen porque hay lluvia, el agua siempre está presente otorgando transparencia y nitidez a las cosas, y también, por encima de todo, un fuerte sentido originario. A veces creo que ha sido demasiada transparencia (por eso en la Isla, a pesar del ocultismo, no puede haber secretos, porque lo oculto no se nombra pero se siente). Asimismo existe el fuego; de esa luz viene el fuego que calienta el corazón, y hervimos, y nos movemos, y nos extenuamos y nos defecamos en el calor todos los días; sí, porque nos pesa el peso del Sol. El calor es insoportable, y sudamos la pesadilla de no tener la nieve. La sangre bulle con facilidad. Quizás las vibraciones de la luz se combinan con las vibraciones de la tierra, y va surgiendo la magia. Una magia para explicar lo inexplicable. Quién sabe si la magia es la excusa para salvarnos nosotros mismos por encima del fátum, o de los fátums, esas fuerzas invisibles, encadenadas a la fatalidad de los sucesos (13) que hemos tenido… He aquí otra característica: lo extraordinario de querer vivir a toda costa, aun por encima de la tendencia al suicidio, aun cuando esa magia nos ponga en el camino de lo desconocido.

El sentido de la magia en Cuba es algo posible por la atmósfera imaginativa que siempre rodea al cubano (a pesar de la obstrucción materialista que desde 1959 tuvo del castrismo), ya que por una de las vertientes de la herencia europea el cubano es un ser de sueños, y, por otra parte y en buena medida por su herencia africana, es asimismo un ser de creencias sincréticas, debido a ese umbral de la imaginación que lo acosa, lo acoge y lo atosiga. Lo que no quiere decir que no haya cubanos de carácter científico, analista y calculador, como buenos cartesianos —estos pueden ser las excepciones que en efecto, aun cuando crearían un contraste de contraposición armónica, ayudarían a dar luz en la oscuridad y viceversa—, que lo hacen percibirse como algo más allá de lo que siempre le rodea; por ejemplo, el cubano siempre se ha proyectado por encima del ateísmo impuesto, del espejismo de una doctrina ajena totalmente superpuesta por el Caudillo y los demás impostores, que han luchado contra el ir y venir del cubano a los mundos de la corporeidad, la imaginación y la espiritualidad. Pero también, ¡cómo no!, los hay científicos y creyentes; y científicos y sincréticos. Quizás el desbordamiento de imaginación en el cubano y al mismo tiempo sus vacíos de mediocridad, si se estudiaran, podrían acercarnos a una mayor comprensión de por qué se ha dejado atar las manos ante un régimen que lo ha ido llevando a la miseria física y mental, y al estancamiento fuera del sentido de ser, su vacuidad de zombis, aunque también pudiera explicar —quiero decir, el exceso de querer vivir a toda costa— su resistencia durante tantos años (aclaro que no sólo es la imaginación, lo que ha hecho que el cubano resista, sino asimismo, y en primera instancia, el miedo y las ansias de sobrevivir por encima incluso de esa tendencia suicida que ya hemos dicho, además de la involución en el estímulo de lo laboral que lo convierte en un ser aquietado, pasivo). De todo este sentido de soñar para liberarse, de imaginar para vivir en otra dimensión, de querer existir por encima de los pronósticos, del hecho del sincretismo o de la mentalidad abierta al arte y a la literatura, surge la magia del cubano; magia que, de una forma u otra, se propone como un aliento de vida; pero al mismo tiempo se constituye en una atracción colectiva de supuesta “isla embrujada” y encantadora, aunque el encanto, a primera vista, para unos sospechosamente sólo sea una simple apariencia, un espejismo, una falsa imagen más, pues en su realidad actual de maravilla tenga muy poco o casi nada y sí mucho de “isla”, incluso hoy más aislada que nunca.

 

15

Del Hado al Hada

o la reconversión del fátum

 

El fátum es la noche; la noche sin ningún tipo de posibilidad luminosa; pero también es la lucha contra la verdadera imaginación de lo corpóreo, lo angelical y la espiritualidad; ha sido el intento de vaciar al cubano; el remolino invisible que se anida en los rincones más oscuros de la Isla. Y no es que la fatalidad sea el hecho sólo de ser isla, sino que además es la ‘Isla-ahí”, en sus coordenadas; no nada más en una posición de balsa al pairo, sino de “Llave del Golfo” (pero llave ¿de qué?…), por donde los vientos se cruzan en las cuatro direcciones cardinales y por esta razón atrae los intereses más diversos, desde las luces hasta las sombras, para ser utilizados por una dirigencia totalmente oscura; y que nunca ha entendido la particularidad de ser y solo le ha importado afincar, extender y reforzar la otra particularidad del no-ser que ha tenido el cubano. Pero también, no todo es fátum, porque la noche de los tiempos tiene siempre su conversión en alborada. Esa otra fuerza desconocida, impulsiva por naturaleza cósmica que domina a los dioses, a los hombres y al mismo suceder en la Isla, puede encontrar el lugar y el momento, el resurgir en la persistencia de otra imaginación transformativa, la verdadera, de umbral a umbral, una imaginación también ligada a lo concreto de las circunstancias, de efectiva transparencia mágica, que es dada por el afán de vivir. Sería entonces cuando el Hado, como mancha oscura de incertidumbre, se convertiría en Hada, como fuerza contraria de reconciliación, justicia y amor.

Notas:

9 Para las esferas intermedias, consúltese el libro de William C. Chittick: Mundos imaginales: Ibn al-Arabi y la diversidad de las creencias (Sevilla, Editorial Alquitara, Mandala Ediciones, 2003; pp. 133-134): …“Como resultado sólo nos quedan dos niveles de pensamiento —dice Chittick—, Dios y la esfera de lo físico. Pero ahora que han aparecido los estudios de Henry Corbin y otros, generalmente se sabe que los musulmanes jamás perdieron de vista los mundos invisibles que separan la esfera de lo visible del propio Dios. Estos mundos son básicamente dos: el de los espíritus (o ángeles) y el de la imaginación. Las obras de Ibn al-Arabi deben leerse con una clara comprensión de la naturaleza de estas esferas intermedias”. (Del capítulo 5: “Revelación e imaginería poética”, p. 133, en el libro mencionado de Chittick).

10 Consúltese a Mario Vargas Llosa: “Piedra de toque”: “Borges y los piqueteros”, en revista Mosaico, 13 de abril de 2008, edición 28, digital. O búsquese en Google o Yahoo!. Mario Vargas Llosa: “Borges y los piqueteros”.

11 Consúltese la Colección Ramos o su exhibición titulada Great Master of Cuban Art: 1800-1958, una “abarcadora muestra que agrupa casi dos siglos de arte cubano, con especial énfasis en la subestimada pintura republicana”, en el Museo de Artes y Ciencias de Daytona Beach, en Florida, y se podrá tener una idea de la necesidad que tenemos de volver a reconstruir nuestra historia y nuestra cultura. Sobre la Colección Ramos, en Daytona, véase el sitio web: http://www.penultimosdias.com/2007/12/09/roberto-ramos-y-su-coleccion-de-pintura-cub; o buscar por Google también “La Colección Ramos, en Daytona”.

12 “Los sueños demuestran —entre tantas cosas, supongo— que todo el mundo tiene experiencias de los sentidos no físicos”. (Chittick; Ob. cit., p. 134).

13 Sería interesante indagar la contrapartida entre la magia y el fátum, ya que en el cubano —al igual que otros pueblos— el sincretismo, por ejemplo, parece estar muy ligado a esta lucha entre la existencia (magia) y el destino (fátum).