Monólogos de aprendizaje  1

 

 

La sangre teje mis nuevos filamentos

y analizo el canto de la vida,

el espacio donde caen los pájaros en la mañana

para arrullarme el corazón.

 

No puedo salir a escuchar el origen de todas las cosas

pero sé que puedo cargar mis madrugadas con gesto de aventura,

saltar de piedra en piedra

donde un metal me abraza

y la piel que amo huye al centro del océano.

 

Esas son las realidades de morir y vivir al mismo tiempo

como si fuéramos un momento cuántico de una gran incertidumbre.

 

Yo, clavada frente a un árbol,

observo todo lo que necesito comprender

hago un mapa e invento la calle donde viviré.

 

Cuido el cuerpo

aunque el alma tiene sus llanuras de dolores

y momentos iluminados de ser.

Desintegrar es un buen verbo

para entender lo que es la voluntad.

 

Gente y materia: la misma cosa

 

 

Monólogos de aprendizaje 2

 

                                              A Camille Claudel

 

Todo paisaje

llega al pozo de los ojos,

la locura necesita en sí misma concentrarse,

saber que existe.

Sería necesaria una puerta

un pensamiento que doble la calle

y llegue al mismo centro de la vida.

Arboles, como madres,

acarician la cabeza de la que nace.

Puertas,

maderas,

y piedras.

Siempre piedras avisando.

 

Abandonado,

cayendo en el otoño,

un campo perpendicular

ora frente a la catedral y la choza.

Una experiencia tiene sinónimos por donde quiera,

hay brújulas al revés,

lupas horizontales

atacando la verticalidad del alma.

Atada al hierro cuadrado de una casa

¿quién quiere sus ventanas

que lloran sin voz ni agua?

La virgen amenaza con hablar

desde sus labios de cal,

un pedazo de cielo

hubiera sido suficiente para creer,

pero

el viento y las rejas

empujan contra el muro.

 

 

Monólogos de aprendizaje 3

 

Viste a Dios

pero a mí no me viste,

quemaste el fuego

y pensaste que estaba bendecida.

 

Hay un campo de fuerza en los relojes

el tiempo y el espacio le hablan a esa magnifica ciudad

que  llevas en el corazón.

 

La estética del ala gira tras un golpe

y surge de la piedra el canto de las cosas.

En ese movimiento corre un río

se abrazan los jardines de tanto sol alborotado.

Nacer…entrar

Morir…soplar intensamente ese ángulo de una

que refleja un gesto

un atrevimiento  de conciencia en el interior de la luz.

Todo es péndulo.

dime si siempre será así:

las cosas pequeñas y grandes a la misma hora.

Llueve en la vida y no escampa.

 

 

Monólogos de aprendizaje 4   

 

                                Para Alexandro Caballero, un 12 de  agosto

      

Hoy hace veinte años

que Alexandro pasó a ser de niño-hombre…

…………ángel.

Sin alas,

sus costillas eran papalotes

que elevaron su alma

hacia un lugar de mariposas iluminadas.

 

Navegando en un cielo de palabras,

lo recuerdo como a la tierra

donde se deja una semilla,

y se regresa,

después de mucho tiempo,

a regar la flor.

 

Porque se fué,

nunca llegó a conocer toda la maldad,

los eclipses,

el color del corazón

cuando ve morir lo que quiere.

 

Creo que antes de nacer

ya el viento le había dicho

que las piedras lo harían tropezar

y caer sobre una nube imperdonable.

 

Esta tarde,

parece que lo escucho recordándome

cómo sus brazos  de martillos

construirían para mí

una casa en el aire y sin peligro:

su mirada era una esquina

que llevaba a  la salvación.

 

Por eso,

desde este borde salvaje de las cosas,

oigo su preludio,

la música de sus árboles.

 

 

6  Del Libro: El Viaje de una Mujer Sola. (1995-1996)

 

 

Detrás de la luz una mujer camina,

abre la tierra y la acaricia

porque no quiere equivocarse de la ruta,

y huele las piedras como si fueran rosas,

abraza a los muertos como si estuvieran vivos.

 

La mujer se celebra y enciende una vela a sus cabellos;

la oración le sale y la recorre

en una procesión de hormigas

que llevan el pan para una cueva

donde se ama y se come con la fuerza del Espíritu.

 

Mientras escribo, sigo un túnel

donde la mujer me espera

para quemarme la ropa en un instante de verdad.

Ya desnuda,

desciendo al mundo de los que oyen;

me quito la pasión, los zapatos de tierra,

el poema me espera extendido en el mar,

como yo,

busca un país sin encontrarlo.

 

La mujer y su traje de luz

me reciben en su cuerpo imaginario.

En su vientre,

crecemos como dos flores intensas,

dos estados de mente,

dos retratos.